Huellas en el pasaje Santa Catalina

Desde que en diciembre de 2006 la Comisión y el Archivo de la memoria conquistaron el espacio en el que antes había funcionado la temible “D2” el pasaje Santa Catalina ya no es el mismo. Su paisaje, su cotidianidad, su día a día fueron cambiando. Transitarlo hoy es diferente, el paisaje cambió y sus transeúntes también. 

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El Memorial inscripto en la fachada del ex centro clandestino de detención del “D2”, es un homenaje a los asesinados y desaparecidos de la Provincia de Córdoba. Personas que entre 1969  y 1983  fueron secuestradas, torturadas y ejecutadas por las fuerzas represivas del Estado Terrorista.

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Inscribir en el espacio público sus nombres implica transformar el lugar, volver a señalar que la memoria de sus vidas debe quedar grabada como una de las formas de decir Nunca Más. Nunca Más a la tortura, a la ejecución sumaria y a la desaparición de personas. Nunca Más al robo de bebés. Nunca Más a los centros clandestinos de detención. Nunca Más a represores y asesinos que puedan caminar por las calles de las ciudades sin condena.

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Este memorial, fue inaugurado entre marzo y mayo de 2008. Las huellas que lo conforman, se construye con los nombres y apellidos, marca esencial de la identidad de las personas, de todos aquellos a los cuales se les negaron todos sus derechos. Recuerda a hombres y mujeres que lucharon por ideales políticos, culturales, sindicales y religiosos. Obreros, estudiantes, amas de casa, artistas, abogados, periodistas, religiosos, docentes, empleados que fueron perseguidos, secuestrados, torturados y asesinados o desaparecidos.
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“Intervenimos el espacio público con un memorial de doble lectura; una donde puedan recorrerse visualmente y de cerca éstas listas interminables de nombres. Y otra, que permita visualizar cuando uno va transitando por el pasaje, éstas grandes huellas que configuran entre todos, representado su lucha colectiva” (Natalia Ferrero y Camila Iglesias, Arquitectas APM).
Estás huellas son una manera simbólica de devolverles, en parte, la identidad individual a cada uno de los desparecidos, a sus familiares y a la sociedad cordobesa; teniéndolos permanentemente presentes en el espacio público. La primera huella contiene los nombres y apellidos de las mujeres y hombres asesinados y desaparecidos entre el periodo que abarca desde 1969 hasta abril de 1976. Las segundas huellas, extienden la nómina de compañeros asesinados y desaparecidos, desde abril de 1976, hasta el retorno de la democracia, en 1983.
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El memorial, como las fotos que se cuelgan los jueves, son producciones de la Comisión y el Archivo que ya forman parte de las memorias vivas de la ciudad.  Estas marcas, que buscan la materialización de la memoria, cobran su fuerza y sentido en la espontaneidad, en lo vivo e imprevisto del día a día que (re)construye sus propias formas. Formas que absorben las diferentes expresiones de quienes van interviniendo con una flor, una palabra, una carta, una lágrima, una sonrisa. Son construcciones grupales nunca terminadas que escapan a la institución que las generó y devienen en marcaciones colectivas en permanente resignificación.
Estas iniciativas de marcación pública apuntan a transformar el espacio en un lugar de memoria. El lugar es el sitio en donde la memoria se expresa, existe, acontece; permitiendo  que las personas reflexionen desde el presente sobre el pasado, forjando un proyecto conjunto para el futuro.
 
La reconstrucción de las listas de asesinados y desaparecidos es un trabajo siempre inconcluso. Por ello este Memorial está abierto a todos los nombres que puedan y quieran incorporarse.